Como afecta la edad el sueño

A medida que cumplimos años, es común escuchar frases como “ya no duermo como antes” o “me despierto a las 3 de la mañana y no vuelvo a conciliar el sueño”. Esta no es una simple percepción; la edad transforma radicalmente nuestro ciclo de sueño.

Si bien la necesidad de dormir no disminuye, la capacidad del cuerpo para lograr un descanso profundo y continuado sí se  ve afectada.

Con la edad la calidad del sueño se  ve afectada, exploremos los  factores clave que explican el por qué.

Reducción del sueño profundo.

  • Pasamos menos tiempo en la etapa de sueño profundo (No-REM de ondas lentas). Esta es la fase crucial para la recuperación física, la consolidación de la memoria y la liberación de la hormona del crecimiento.
  • El sueño se vuelve más ligero. Hay una mayor tendencia a despertarse repetidamente durante la noche, lo que se conoce como fragmentación del sueño. (Estos despertares impiden alcanzar el descanso realmente reparador).

Cambios en nuestro Reloj interno.

  • Nuestro “reloj interno”, se desajusta, lo que lleva al fenómeno conocido como Avance de Fase de Sueño. Este cambio hace que nos acostemos más temprano y, en consecuencia, nos despertemos en la madrugada, pensando erróneamente que padecemos insomnio, cuando en realidad es un cambio natural en el timing del sueño.

El reloj biológico se adelanta.

Las sustancias químicas que regulan nuestro sueño disminuyen su producción con la edad:

  • Melatonina: La producción nocturna de esta hormona inductora del sueño se reduce drásticamente. La melatonina es la señal de oscuridad para el cerebro; al haber menos, el cuerpo recibe una señal más débil para prepararse para el descanso.
  • Cortisol: Aunque varía, a veces se observa una alteración en los niveles de cortisol (la hormona del estrés), lo que puede contribuir a una mayor vigilancia nocturna.

Menos Actividad física y Mayor Tiempo en Cama.

Los cambios en el estilo de vida que a menudo acompañan a la jubilación también influyen:

  • La disminución de la actividad física y el ejercicio reduce la “presión de sueño” (la necesidad que el cuerpo acumula para un descanso profundo).
  •  Siestas largas o muy tardías durante el día roban horas de sueño a la noche.
  • Pasar mucho tiempo despierto en la cama (leyendo, viendo televisión) condiciona al cerebro a asociar la cama con la vigilia, no con el descanso.

“Recuerda: la edad no debe ser sinónimo de noches en vela. Prioriza tu descanso, ajusta tus hábitos y redescubre el placer de un sueño verdaderamente reparador. ¡Tu bienestar lo merece!”

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